martes, 23 de agosto de 2011

EL OTRO CONCIERTO DE CHARLY GARCÍA EN PERÚ

Una noche antes del concierto, Charly García, tocó tres horas y media en la prueba de sonido. Un perfeccionista empedernido. Un director de orquesta obsesionado con el sonido y luces perfectos. Un ídolo, que por segunda vez, pisó suelo arequipeño y ofreció lo mejor de su arte.


Al final de esta historia, el músico amenaza con no presentarse en el concierto sino colocan mil velas en todo el escenario para mejorar la iluminación. “Muchachos, la idea es que esto salga como el año antes que ganamos el Oscar”, les pidió Charly García a sus músicos al empezar la prueba de sonido, el viernes a las diez y cuarenta de la noche. Está claro que Charly nunca ganó el Oscar, pero es como si lo hubiera hecho.
A Carlos Alberto García Moreno o simplemente Charly García, le encanta el buen cine. El día de la prueba de sonido, le ordenó a uno de sus técnicos: “Mañana, no sé qué hacés, te vas de shoping y me conseguís Un perro andaluz, de Buñuel, para que la proyectes en la pantalla del fondo mientras tocamos”. Luis Buñuel, cineasta español, es uno de sus favoritos.
Pero esa noche, todo fue música. Claro que para quienes estuvimos en las prueba de sonido (no más de 20 personas al inicio, y sólo 8 hasta el final) fue la mejor película de nuestras vidas. Una fina cortesía de PERUEVENT y Circus, las productoras que trajeron al músico argentino junto a una banda de lujo donde destacan los músicos
MÚSICA DEL ALMA
Charly cumplirá 60 años el próximo 23 de octubre. Estos días, luce todo lo gordo que puede estar un flaco. Dejó atrás la flacura de hospital que lo caracterizó muchos años. Ya no rompe instrumentos y micrófonos, ahora tiene como tic, subirse el pantalón que se le chorrea como si tuviera las caderas caídas como Cantinflas.
La noche de la prueba de sonido, llegó de excelente humor al escenario del Jardín de la Cerveza. El ensayo con sus músicos fue como ver preparar una ópera a una orquesta sinfónica. Un director loco, perfeccionista, barrigón, renegón y sin batuta, se pasó tres horas y media afinando el sonido de cada una de las piezas.
Todo, absolutamente todo lo que ocurre sobre el escenario es milimétricamente planificado por Charly. No hay detalle que se le escape. Ni siquiera la ropa que deben lucir sus músicos el día del concierto.

- Chilenos, a ustedes los quiero vestidos completamente de negro mañana en el concierto – les dijo a los tres músicos mapuches que lo acompañan desde hace unos años.
– Vos, Rosario, podés venir con lo que te de la gana, menos de color amarillo – le dijo a su corista.

También dispuso la posición de cada músico en el escenario. “Marca con una equis los lugares de cada uno”, le ordenó a un asistente.
Las canciones fueron fluyendo con una intensidad fulminate. Ensayaron Dinosaurios, Cerca de la Revolución, Pasajera en Trance, El amor espera, Eiti leda y otras composiciones más que no tocaron en el concierto oficial.
Nada hacía presagiar el despelote que se armó casi al terminar la prueba de sonido. Ya eran cerca de las dos de la mañana y Charly no terminaba la lista de temas para el concierto. La canción No voy en tren, la repitieron cuatro veces buscando un inicio diferente; Hablando a tu corazón, tres veces; y así, cada pieza musical era pulida instrumento por instrumento.

EL DÍA QUE APAGARON LA LUZ
Cuando ensayaban el inicio de Demoliendo Hoteles, con el golpe intenso de la batería, Charly estalló en cólera como en sus perores momentos. Era la una y cuarenta de la madrugada del sábado.

- Loco, poneme todas la luces enfocadas a la batería, todas, todas – le dijo al iluminador.
Las luces apuntaron al baterista, pero a Charly no le gustó nada.
- Loco ¿es todo lo que tenés? – le preguntó.

Hubo silencio y la reacción de Charly fue estrellarse contra su manager. “No sé que hacen pero consigan más luces. Con estas luces, yo no toco, esto es un papelón”, le increpó exaltado y con su voz aguardentosa que suena más hiriente cuando se enoja.
La rabieta se complicó más cuando Charly pidió al técnico que le proyectara las imágenes que pondrían en pantalla mientras tocaban.

- ¿Es todo lo que tenés? ¿Una sola imagen del Say no more? – siguió irritado.
– Charly, el encargado de imagen no vino – le explicó el técnico.
– Si no vino no cobra, esto no puede ser, es una cagada – dijo Charly.
– Charly, no vino ni vendrá – la terminó de hundir el técnico. Ocurre que el encargado de video se quedó en Argentina y los dejó colgados con las imágenes.

Ya se pueden imaginar lo que esto provocó en Charly. Fue allí donde le ordenó que consiga un DVD y compré la película Un perro andaluz, de Luis Buñuel.
Pero el descontento con las luces continuó. Ya iban 20 minutos de locura pura sobre el escenario.

– Martín, dónde están las luces que me dijiste que pondrías abajo para que me calienten, aquí hace un frío de mierda – preguntó Charly a su manager.

No tuvo respuesta y siguió exigiendo y ordenando. “Yo quiero que haya luces de abajo hacía arriba, no de arriba abajo ¿entendés?”.
A los pocos minutos, el propio Charly encontró la solución. “Ya sé, compras mil velas y las pones en todo el escenario, sino haces eso, yo no toco ¿entendés? Y que me alumbren aunque sea con una linterna, loco”, fue la amenaza.
Ensayaron un tema más: Chipi Chipi. Charly cantó la última frase: “la canción sinfín” y acabó el ensayo. Ya eran las dos y siete minutos de la madrugada. El Jardín quedó más silencioso que nunca. Ocho personas era todo el público que había.
Horas después, en la noche del sábado, llegaron unas 7 mil personas a apreciar el concierto. No se llenó el Jardín, pero el concierto que ofreció Charly fue espectacular por la calidad lograda en cada tema. No tocó varias piezas que ensayó en la prueba de sonido, como No voy en tren y Chipi Chipi. El concierto oficial duró una hora veinte minutos. Casi el mismo tiempo que tocó en 1987 en el coliseo Arequipa, cuando vino por primera vez.
Charly se salió con su gusto. Mejoraron las luces y colocaron las velas que le pidió al manager. Subió al escenario a las once y cuarenta de la noche. Chompa roja, saco negro y un sombrero characato. Por el bigote y el sombrero, parecía don Timoteo, el personaje que por años presentó en televisión el periodista arequipeño Andrés Bedoya. En la segunda parte del concierto, se puso la camiseta de la selección peruana. Los músicos chilenos estaban de impecable traje negro hasta que también salieron con la blanquirroja. Rosario, la corista, no tenía ninguna prenda amarilla. Todos cumplieron al pie de la letra las órdenes del director de la orquesta. Lo único que no hubo fue la película de Buñuel, no se sabe si porque no la consiguieron o porque Charly decidió colocar otras imágenes. El concierto fue intenso, pero quedó la sensación de que estuvo incompleto. Esa debe ser la virtud de los genios: provocar sensaciones extrañas y dejarnos con la emoción contenida.

Por: Jorge Turpo Rivas, publicada en el diario El Pueblo el lunes 22 de agosto.
Foto: Jorge Jiménez Bustamante

1 comentario:

Leandro dijo...

Muy buena la foto que subieron. Se lo ve a Samalea, seguramente estuvieron haciendo "No soy un extraño", hace poco vi "Pasajera en trance" con Samalea en el cumple de Aznar, muy buena versión.
Bueno, parece que charly dejó todo las energías en el ensayo.
Lo vi en córdoba este año en el Orfeo y también dejó gusto a poco comparando con el Orfeo 2010 que fue un show buenísimo.
Parece que estuviera medio cansado de tocar los mismos temas; es el 3º año consecutivo que viene con el mismo repertorio. De no sacar disco nuevo, todavía le siguen sobrando canciones que hace mucho que no hace. Entiendo perfectamente que no pueda o no quiera componer o grabar ahora.
Creo que podría cambiar un poco los show, tiene temas de sobra e incluso podría devolver gentilezas haciendo un cover de Spinetta que el tanto respeta (vi al flaco haciendo Filosofía barata, una joya).
Bueno, espero no ofender a nadie, amo a Charly García, ocupa muchas horas de mi vida.
Saludos a todos los fans ….