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domingo, 10 de junio de 2012

FUERZA CHARLY!!! SHOW DE CHARLY GARCÍA EN CORDOBA

El desconcierto en el show de Charly - García se descompensó y quedó en observación hasta las primeras horas del domingo. Cómo fue el show en el Orfeo hasta que se desmayó en el escenario.



El silencio y el estupor se adueñaron del Orfeo este sábado cuando Charly García se desplomó de su banqueta en medio del concierto. “Esto es un papelón”, alcanzó a decir claramente antes de que los plomos se lo llevaran a los camarines. El estadio, que durante una hora se llenó de grandes clásicos, vivió un momento de enorme tensión. Algunos se tomaban la cabeza, otros intentaban ver lo que pasaba sobre el escenario, que había quedado en penumbras, mientras los últimos acordes de Canción de 2 x 3 seguían sonando. Toda una alegoría que haya (des) entonado las dramáticas estrofas de ese enorme clásico: “Ya no quiero vivir así, repitiendo las agonías del pasado”. Desde el comienzo de la canción, Charly ya no se mostraba como al principio del show. Por momentos, Rosario Ortega cubría los baches de la letra, hasta que en un momento todos se dieron cuenta de que él ya no cantaba más. “Sigo tocando”, dijo poco antes de desplomarse, lentamente, como en cámara lenta, sin despegar las manos del teclado que lo mantenía ligado a su música sin tiempo.
Había transcurrido una hora de un show emotivo cuando todo pasó, y lo que siguió desde entonces fue puro desconcierto, donde casi nadie quiso moverse de su butaca. Hubo gritos de aliento, cantitos de aguante, muchos celulares encendidos tuiteando o mandando mensajes a los que no pudieron estar allí, o relatando por teléfono lo que ocurrió, minuto a minuto. Poco después, por los parlantes se escuchó la novedad: a no preocuparse, porque Charly había sufrido una baja de tensión, pero volvería. Eso no iba a pasar.
Treinta minutos más tarde, los músicos salieron al escenario: “Muchas gracias por hacernos el aguante. Por prescripción media, Charly no va a poder seguir tocando. Les agradecemos la paciencia. Desde ya estamos agradecidos por el aguante que le hacen a Charly… faltaban los mejores cinco temas”, dijo “el Negro” García López. No fue tan así. En la lista original del show tenían previstos otros 10, contando los bises. “Charly quería seguir pero por prescripción medica no seguirá, aguante Charly”, cerraron los artistas sobre el escenario en el que minutos antes habían repasado lo mejor de un cancionero infalible de García, resumido en esa obra monumental que es 60x60, y de la que había hablado con VOS un par de días antes.
El productor cordobés, y manager de García, tuiteó que sólo fue una baja de presión para bajar la ansiedad en las redes sociales, y pidió “prudencia al comentar”. A la 1.10 de la madrugada de domingo, volvió a escribir que faltaba poco para el parte médio en el Instituto Modelo de Cardiología al que fue trasladado el artista: “En un ratito parte oficial... tranquilos... estamos todos con él”. A la 1.20, el parte: “Charly está ‘neurológicamente orientado’ y permanecerá en estado de observación en el centro de salud. Próximo parte mañana”.


El show
El concierto había comenzado minutos después de la hora señalada, con Los Dinosaurios. Los músicos entraron en la semi oscuridad, hasta que el haz de luz se posó sobre García, que llevaba puesto su brazalete de Say No More. Pasaron varios minutos hasta que el sonido se acomodó, entre algunos desacoples y una voz de Charly desperfecta, que la multitud consiguió afinar mejor en un coro emocionante. Él lo logra siempre, la fuerza de sus canciones no pierde efecto.
Tango en segunda; El amor espera; la dedicatoria al Flaco Spinetta –con pocas palabras pero una melodía inolvidable- con Rezo por vos, canción en la que Charly hasta hizo un alto en el piano para poner sus manos para rezar, con la foto de Luis Alberto copando la pantalla gigante.
Los temas pasaron sin orden cronológico, desde las más increíbles melodías de Pasajera en trance hasta los éxitos como Influencia, el Rap del Exilio o la canción sobre “una mujer que por suerte no existe”: Asesíname. Charly habló poco. Prometió, sentado frente a su piano de cola, que iba a ser un show largo, pero no pudo cumplir su promesa. Durante la hora de show, García se movió de un piano a otro, bailó cortito con Rosario Ortega, arengó a la gente, que respondió a sus pedidos con devoción. Y regaló una andanada de emociones con Yendo de la cama al living o Cerca de la revolución o hasta los acordes introductorios de La Grasa de las Capitales, de Serú Giran.
Charly tenía previsto cerrar su concierto con Canción para mi muerte. Se quedó con las primeras estrofas de Canción de 2 x 3: “No tengo nada que hacer, no tengo nada que dar, no encuentro la gracia en mi manera de hablar, no quiero volver nunca más”. La gente espera lo contrario. Seguramente, guardará su lugar para la próxima visita de García. Say No More.

Por Daniel Santos
Fuente: La Voz del Interior

viernes, 8 de junio de 2012

CHARLY GARCÍA: "EN MI FUTURO NO HABRÁ CANCIONES"


Charly García se dio el gran gusto de publicar una antología sin apelar al lugar común de seleccionar sus temas preferidos desde las grabaciones. Lo que hizo está contemplado en el suntuoso box set 60 x 60 (tres CD's, tres DVD's, un libro, un póster, citas a Dylan y a Jorge Luis Borges y voces en off de Juan Alberto Badía y Graciela Borges), que documenta la serie de shows conceptuales ofrecida en el teatro Gran Rex a fines del año pasado, al poco tiempo de que García llegara a sus 60 años. Se trata de una relectura que licuó tiempos y enfoques artísticos para contrastarlos con una banda de rock amplificada por ensamble de cuerdas, bandoneón y una percusión extravagante.
 ¿La motivación para hacerla? Homologar una obra diversa, repensar canciones que podrían haber tenido una producción alternativa, aprovechar que se logró una formación excelsa para realzar el viejo repertorio. Ya en el teléfono para una nueva entrevista con VOS, García añadirá que la edición resiste el estatus de manifiesto y punto de partida hacia un futuro extraño. "Es una toma de posición y también un nuevo comienzo. La caja deja un sonido ejemplar, ofrece una mirada nueva sobre mis canciones. Es por eso que la veo, al mismo tiempo, como carta de presentación y punto de partida. Es que resultará muy difícil competir conmigo mismo después de esto", dice Charly con una serenidad que limpia la declaración de retórica soberbia.

60 x 60 exige varias horas para su asimilación. Es una edición lujosa que está a contramano de los tiempos que corren, que exigen escuchar música de modo fragmentario.
A continuación, Charly explica por qué desoye el mandato temporal y le hace el caldo gordo al melómano fetichista: "Mi onda es la música. Es cierto que la caja está a contramano de la cultura pop de hoy, que te invita a escuchar (a acumular, en realidad) 10.500 temas en un aparatito que amplifica un sonido plano. Precisamente, reacciono contra eso. Nutro el objeto de buen sonido, libro y póster para ir en contra de lo virtual o digital. No es una cruzada, sólo quiero que se vuelva a sentir la grata sensación de comprar un disco". 

-¿Tenés una relación conflictiva con Internet? Te lo pregunto porque "60 x 60" también puede interpretarse como una reacción al affaire "Kill gil", que te lo subieron a la web antes de su publicación. 
 -A la computadora la veo cotidianamente porque mi novia tiene una. No la sé manejar todavía, pero para afrontar mis planes voy a tener que empezar a relacionarme con ella. Más allá de eso, lo que todavía no me gusta es el sonido digital que te provee Internet y la nueva tecnología. 60 x 60 está pasado por unos tubos antiguos, por eso tiene un sonido cálido. Me gustan más los discos de vinilo, que son los que escucho yo. En la medida de lo posible, trataré de acercarme a ese sonido.

-La cultura rock ya entró en la tercera edad y ofrece ejemplos varios de cómo atravesar el umbral de los 60 años. Se puede ser un gran entretenedor como los Stones y Paul McCartney; practicar una placidez autocomplaciente como la de Ringo, o recrear la química con un viejo socio como Pete Townshend lo hace con Roger Daltrey en The Who. Otra opción válida sería la de Neil Young; es decir, elegir cierta imprevisibilidad dentro del clasicismo rockero. Ahora bien, ¿cuál es la estrategia que García pensó para sí mismo?
-Estoy pensando en conseguir un aparato que se llama Fairlight, un instrumento que se usó mucho en los '80. Lo usaba Kate Bush, Peter Gabriel, Michael Jackson. Es un grabador gigante, en el que podés ver la forma que tiene la onda del sonido y adaptarlo a lo que quieras. Creo que mi próximo disco será diferente a lo que hice hasta ahora. Será una fractura radical. Usando esa tecnología, y combinándola con instrumentos reales, llegará a otro puerto. Me voy a meter mucho con el sonido más que con el desarrollo de una canción tradicional. Será algo nuevo, más abstracto. En mi futuro no habrá canciones, lo siento.

 -Siempre se habla de vos como dueño de una obra que ha sabido refractar el devenir sociopolítico argentino. La respuesta anterior me hace pensar que no podés descifrar esta época.
 -Los celulares, Internet, la globalización... Todo eso ha cambiado el mundo, le ha quitado sabor local a los países. Yo estoy más con la idea de pintar la aldea, pero todo es corporaciones, dinero, conseguir el poder para poder conseguir más dinero. No hay más guerra de ideologías. Es otro mundo. Antes, el enemigo tenía un uniforme y lo podía visualizar fácilmente. Ahora está escondido en una maraña de impulsos virtuales. La sociedad está enclaustrada con su maquinita. Ya descifré esta época en el pasado. Hay mucho yendo de la cama al living.

-Pero no sienten el encierro. 
-Exacto, no lo sienten. Tienen la sensación de intervenir todo desde su maquinita. Una libertad simulada.

-De cara a un nuevo disco, ¿te abruma tener plena conciencia de lo que representás? Todos esperan un disco renacentista de Charly García. 
-Por eso es que decidí atacar la música por otro lado. No quiero negar mis canciones, pero ya hice muchas y muy buenas, tengo que ir por otro camino. Porque competir conmigo mismo es muy difícil.

-En la caja hay alusiones a "Pubis angelical", una banda de sonido alucinante que revela la plena sintonía entre vos, el director y la protagonista (Graciela Borges) ¿Te gustaría afrontar hoy un tipo de laburo así con algún joven director de nuestro cine?
 -Sí, claro. Vi algunas películas de Luisito Ortega y también fui hasta el cine para ver El secreto de tus ojos de Campanella. Me gustó mucho. Me encantaría musicalizar una película otra vez. Y me encantaría hacerlo en mis términos, que se filme después de la música, tal como afrontamos Pubis angelical. Música hecha antes de la filmación. El director me iba contando la película y yo la iba sonorizando. El me decía "ahora viene tal encuadre y se ve la luna", y yo, pum, creaba algo compatible con esa imagen. Más que con el guión, me alcanza con la descripción de las escenas. Si hay interesados, estoy disponible.

 -"Adiós Sui Generis", "Música del alma" (grabado en vivo durante "El festival del amor", en 1977), "No llores por mí Argentina", "Yo no quiero volverme tan loco", "Conciero subacuático".... En fin, "60 x 60" corona una tradición de discos en vivo. Una tradición con la que, tengo entendido, no te llevás tan bien. 
 -No son fáciles los discos en vivo, se reniega mucho. Éste, por suerte, está muy bien tocado y la grabación es muy buena, así que sólo me limité a subir y bajar alguna que otra cosita. No regrabé nada. Bajé el público de nivel para que suene más a un disco de estudio. Tiene esa cosa de estar tocando todos juntos, que le da un sonido orgánico. Me gustó mucho eso, tratarlo casi como un disco de estudio.

 -Me la dejás sentada. ¿Cómo es tu relación con los estudios de grabación hoy? Porque en los '80 se te puede imaginar al comando de una consola produciendo (a G.I.T., a Los Twist) o compartiendo puntos de vista con Joe Blaney. Pero hoy no sé...
-Me siguen resultando fascinantes los estudios de grabación. Y tengo muchas ganas de conseguir el Fairlight y juntarme de nuevo con Blaney para encarar una grabación mixta y experimental.

 -¿Qué decir del mundo sin Luis Alberto Spinetta? ¿Pensaste en cómo sería sin vos?
 -Es un poco morboso ponerse a pensar en eso. Pero supongo que me recordarán. Realmente, prefiero disfrutar todo lo que pasa ahora y no hacer proyecciones de ningún tipo más allá de lo artístico. No quiero una estatua de bronce o algo así. La interacción con el público es muy importante. Y si me muero me la voy a perder.

 -Hace poco acompañaste a León en el 400º aniversario de la UNC. Si la música no te hubiera poseído, ¿qué carrera hubieras estudiado? 
-Algo afín como cine, pintura... Las otras carreras más convencionales las consideré en su momento, pero no me engancharon.

El show En Orfeo Superdomo (Cardeñosa 3450), sábado a las 21.30. El músico presenta su trabajo 60x60 en el que repasa todas sus épocas. Banda invitada: Las Rositas (ver página 4). Anticipadas de $ 110 a $ 330 en Tiendas Vesta de Dinosaurio Mall y en orfeosuperdomo.com.

Por Germán Arrascaeta
Fuente: Voz

jueves, 7 de junio de 2012

CHARLY GARCÍA EN TUCUMAN 17 DE AGOSTO. ENTRADAS EN VENTA

Charly García volverá a Tucumán en agosto, y ya se pueden conseguir las entradas anticipadas.
La cita será el 17 de dicho mes, en las instalaciones del Club Central Córdoba, desde las 22:30. Charly visitó la provincia por última vez en 2010 en los festejos por el Día de la Independencia, cuando acababa de salir de rehabilitación y necesitaba ayuda para desplazarse por el escenario a causa de una fisura en la pierna.

Los valores de las entradas son:
General  $180.
VIP  $300.

Puntos de venta: local de La Rockería (Buenos Aires 39, local 7).

Hernán Para Cinema Verité

miércoles, 6 de junio de 2012

JUANSE CUMPLIÓ 50 AÑOS Y LO FESTEJO JUNTO A CHARLY GARCÍA



Lujo que se pueden dar unos pocos. Festejar su cumpleaños sobre el escenario con Charly García, nada más y nada menos. Eso le pasó a Juanse este sábado que reunió a sus amigos para celebrar sus 50 años de vida y, como no podía ser de otra manera, se armó una zapada de lujo de la que participaron El Zorrito Von Quintiero, El Negro García López y por supuesto, el del cumple.
El evento se realizó en el restaurante El Muelle (Club de Pescadores de Costanera Norte) entre los invitados se encontraban Catarina Spinetta y su marido Nahuel Mutti, Emilia Attias, el Turco Naim y German Paolosky.
El festejo duró hasta altas horas de la madruga, y en el mini show en vivo para los invitados, Juanse tocó algunos de sus grandes éxitos, y temas de su último disco “Baldíos Lunares”.


martes, 5 de junio de 2012

CHARLY GARCÍA VUELVE A URUGUAY - 19 DE OCTUBRE TEATRO VERANO - GIRA 60X60 2012



FICHA DEL EVENTO
Escenario: Teatro de Verano
Dirección:
 Ram
blaFecha: 19/10/2012Hora: 21:00 hs.

PRECIOS
 
Precios de las entradas 
Vip A, B y C: $3540 * 
Platea B: $2040
Platea A y C: $1840
Platea G: $1240
Platea D y F1: $840
Platea F2: $740
Platea E: $640

* Para los sectores VIP A, B y C las entradas serán válidas para el acceso a la prueba de sonido, en la cual se le entregará al cliente un kit de regalo.
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 Beneficios con Abitab Familia
Platea E 2x1:  $640 + 400 Abis
Platea A y C: $1480 + 200 Abis
Platea D y F1: $680 + 200 Abis
Platea E: $520 + 200 Abis
Cupos Limitados
PLANO
OTROS DATOS
Modalidad de pago: Efectivo.

lunes, 28 de mayo de 2012

CHARLY GARCÍA EN SALTA, 19 DE AGOSTO - ENTRADAS EN VENTA



Después de 9 años Charly se estará presentando en Salta el día 19 de Agosto en las instalaciones del Estadio Delmi. Las entradas anticipadas ya están a la venta en Atípiko (San Martín y Bs.As. Local 6) al precio de $170. Este precio se mantendrá hasta alcanzar un tope de 500 entradas.

Estadio DelMi de Salta Domingo 19 de Agosto de 2012; 21:00 hs. Salta

Puntos de Venta:
En Salta: Alto Noa Shopping, Teatro del Huerto (Pueyrredón 175), Atípiko (San Martín y Bs.As., loc.6) y Estadio Delmi.
En Chaco: Córdoba 235
En Jujuy:  Annuar Shopping.
Compra online: Autoentrada.com

Hernán para Cinema verité

domingo, 27 de mayo de 2012

CHARLY GARCÍA EN MENDOZA: GRACIAS POR TANTO, GRACIAS POR TODO


Sublime e inolvidable. Así fue el concierto que brindó el maestro del rock nacional ante 4.500 mendocinos eufóricos que hicieron explotar el Arena Maipú. Un García más sereno, con el talento musical intacto y acompañado de una banda que la rompe.


Carlos Alberto García Moreno es y será siempre el “Gran Charly García”. El niño del oído absoluto. El creador de una incalculable cantidad de canciones que marcaron a fuego a generaciones de argentinos. Y es también aquel personaje – amado y odiado – que supo caminar en la cornisa de su propio eje y que hoy, a sus 60 años, nos muestra su rostro más tranquilo.
Después de casi cuatro años, Mendoza esperaba con hambre su vuelta. Y la espera valió la pena. El creador de “La hija de la lágrima”, brindó con concierto que hizo vibrar a las 4.500 personas que coparon el Arena Maipú.
Se trató de un show impecable. Desde el tremendo sonido orquestal que la banda que lo acompaña le imprimió a cada tema, hasta la imponente puesta en escena que incluyó luces e imágenes proyectadas.  Él, en todo momento se mostró de buen ánimo y con ganas de tocar. ¡Genio!, ¡Maestro! Le gritaban con euforia. “Bueno gracias, tampoco es para tanto che!”, se lo escuchó decir ante la continua ovación del público.
La noche arrancó con un golpe directo al corazón cerca de las 21.30. Las tapas de cada uno de sus discos sucediéndose una tras otra en una pantalla, mientras sonaban fragmentos de sus canciones más emblemáticas. Fue ver en un flash, todo ese legado al rock nacional que lo tendrá para siempre como su pieza fundamental.
Con unas ajustadadas calzas negras, remera a rayas, overol verde que incluía el brazalete con la insignia “Say no more” y secundado por los 11 músicos que conforman “La Prostitution”, Charly arrancó la noche con “Fanky”. Para luego seguir con el infaltable homenaje a Spinetta interpretando la magnífica “Rezo por vos”.
La setlist también incluyó entre otras grandes creaciones musicales: “Cerca de la revolución”, “No soy un extraño”, “Pasajera en trance”, “Asesíname”, “Influencia”, “Canción de 2x3”, “Yendo de la cama al living”, “Necesito tu amor”, “Demoliendo hoteles”, “No llores por mí Argentina”, “Anhedonia” y la lírica “Eiti Leda”, que hizo emocionar a más de uno.
“Gracias mendocinas y mendocinos. Son un gran público. Qué bueno que se arregló el cortocircuito. Los quiero mucho”, fueron las palabras que Charly soltó durante el show para reivindicar cualquier pasado complicado en estas tierras. De todas maneras él se encargó de decir que nunca fue con el público. Este siempre se mantuvo fiel y así quedó demostrado anoche.
Con una sensación de que aquello magnífico que estaba sucediendo no podía terminar nunca y algún par de ojos húmedos por la emoción, el punto final lo anunció “Eiti Leda”. Mientras que en el infaltable saludo de despedida, Charly no paró de pedir aplausos para la “Prostitution”. Un reconocimiento que se hizo sentir bien fuerte, porque la banda que acompaña al músico en esta atapa de su material “60x60”, suena de manera potente y extraordinaria.
Luego llegaron los bises esperados con “Nos siguen pegando abajo” (Aquí el estadio literalmente explotó) y “Rock an roll yo”. Y bajo la insistencia de un público que quería más y más, el genial García cumplió el deseo y salió nuevamente al escenario.  Relajado - pucho en mano - se sentó al piano y tras un “Vamos a improvisar algo, total hay tantos temas buenos para tocar”, puso a rodar el clásico de Sui Generis “Canción para mi muerte”.
Así el gran maestro del rock argentino terminaba su presentación en Mendoza. Un gran concierto que quedará marcado a fuego porque nos regaló lo mejor de su música. Gracias Charly. Gracias por tanto talento. Esperamos siempre tu regreso.

LISTA DE TEMAS
  
01-Fanky 
02-Rezo por vos
03-Cerca de la revolución
04-No soy un extraño
05-No importa
06-Pasajera en trance
07-Asesíname
08-Influencia
09-Rap del exilio
10-Instituciones
11-Piano Bar
12-Yendo de la cama al living
13-La grasa de las capitales
14-Me siento mucho mejor
15-Canción de 2 X 3
16-Necesito tu amor
17-Demoliendo hoteles
18-Los dinosaurios
19-Tango en segunda
20-El amor espera
21-Llorando en el espejo
22-No llores por mi, Argentina
23-Anhedonia
24-Eiti Leda
25-Nos Siguen Pegando Abajo (Pecado Mortal)
26-Canción para mi muerte
27-Rock and roll yo


Por: Eugenia Cano
Foto: Cristian Lozano
Fuente: Sitio Andino

viernes, 25 de mayo de 2012

CHARLY GARCÍA, EL TOTALITARISTA DEL ROCK AND ROLL SE IMPUSO NUEVAMENTE EN CHILE



Cinco minutos. En la obertura de su show, ese es el lapso que destina Charly García a resumir en la pantalla central todos los capítulos de su carrera, desde los tempranos días en Sui Generis, hasta las irregulares aventuras del nuevo siglo, rematando en los últimos trabajos, los mismos que retratan redención artística y personal. No hay mejor aperitivo para el concierto que anoche juntó a 5 mil personas en un Movistar Arena en la mitad de su capacidad: de algún modo, el García de hoy, a los 60 años, con el bigote cada vez menos bicolor y más blanco, con un itinerario remitido a las reseñas musicales más que a la crónica roja, es la batalla entre ese ayer inmaculado, que provoca la reverencia incuestionable, y un hoy que aún se abre incierto.
Todos los que arribaron hasta el Parque O’Higgins lo hicieron masticando ese dogma que establece “él es Charly”, como un comodín que soslaya de un plumazo los conciertos a medio terminar y las rabietas en hoteles de las últimas décadas. Sobre todo, aquellos que ya superan con holgura los 30 años y que aparecieron armados con el brazalete de Say No More, como una suerte de ejército fiel que vive y muere para su líder. Pero también merodeaban los fantasmas de siempre y las amenazas de desgaste físico y escénico. Al final, el gallito lo ganó el peso de la historia, afianzada en una creciente recuperación que ya se avizoró en su visita de 2009.
Sí, el argentino está recuperado y el primer bocado para festejarlo es Fanky, con su numeroso entramado de músicos -10 en total- vestidos con overol café y el protagonista de la noche al piano. Sí, el cantautor despunta resurrección, pero también bajo un maquillaje bien preparado: su voz suena desgastada y se esfuerza hasta el dolor por alcanzar los tonos de antes, misión secundada por su nueva corista, Rosario Ortega, hija de Palito Ortega, uno de los principales responsables en su rescate del precipicio. Su conjunto, The Prostitution, e integrado por tres chilenos, suena tosco y pesado, acorde con el tono más duro de muchos de sus temas y lo que, de paso, también camufla muchos de sus ripios vocales.
“¡Hola Mendoza!”, es el irónico saludo del ex Serú Girán, en otra marca de fábrica aplaudida sin concesiones por su fanaticada. Luego pasan Rezo por vos -con el rostro de Spinetta en las pantallas-, Cerca de la revolución, No soy un extraño y una memorable Asesíname. Los Dinosaurios tiene su ya clásico cachetazo a las dictaduras militares, mientras que Demoliendo hoteles suena como una celebración más que un autorretrato masivo. Es que el argentino no sólo sorteó sus peores años: también ha vuelto para rasguñar sus mejores días.


Una noche de ensayo

Una impronta evidente desde su prueba de sonido del miércoles en la noche, en ese espacio privado que comparte con los músicos, representantes y amigos que siguen ahí, pese a todas las caídas. A las 21.30 horas de ese día, el artista sube a escena vestido de chaqueta negra, jeans azules y lentes oscuros. Su caminar es lento y torpe, como si no intuyera el rumbo a seguir. Un andar sosegado en constante contrapunto con su figura: el cantautor luce aún más grueso que en 2009.
“Muy bien, chicos, veamos qué podemos hacer acá”, dice con tono de gurú a su banda. Pero si de aliados se trata, el ex Sui Generis tiene dos encargados que funcionan como extensión de sus brazos: le traen té, le pasan un cigarrillo y lo cobijan del frío. Viven, actúan y trabajan para él. Igual que en el concierto, Fanky y Rezo por vos encabezan la lista. “Bravo, chicos, bravo, eso salió muy bien”, lanza el cantante, con voz rasposa, casi como una lija que raspa la inmensidad de un arena vacío. Ahí García ya no funciona como guía; más bien su rol es el de DT que aleona a sus dirigidos antes de la final de campeonato. Y hay instantes en que incluso revela su lado más riguroso. Al inicio de Pasajera en trance, detecta que una guitarra está desafinada. Todo parte de nuevo. No queda conforme con las cuerdas de Piano bar y pide, otra vez, que todo se reanude.
Luego, una pausa de cinco minutos, solicitada por él mismo, para tomar té y encender otro cigarro. Se para, combate el frío acercándose a uno de los focos y se va a un rincón, lejos de los músicos chilenos, quienes funcionan casi como un escuadrón aparte. En el regreso, hay tiempo para gemas como Hablando a tu corazón. Como si el lugar estuviera colmado, García se mueve al centro del escenario y canta a una inmensa nada que ayer lo fue todo. Apunta a un público invisible y mira el vacío que 24 horas después se convirtió en caldera al son del cántico “¡Charlyyyy, Charlyyy! Luego pide que todo llegue a su fin. Es el mejor epílogo para un hombre que, hasta en su faz íntima, ya ha asumido como propio el credo de la resurrección.

Por Claudio Vergara
Fuente: La Tercera


DOS HORAS Y VEINTISÉIS CANCIONES

Casi dos horas duró el recital en Chile de la gira “60 x 60” de Charly García, artista argentino que a estas alturas ya tiene estampa de leyenda continental y solamente cosecha el cariño que irradia hacia su persona.
En la presentación del jueves ante unas siete mil personas en el Movistar Arena, el argentino cumplió con su sueño de tener una pequeña orquesta que lo secundara mientras él pasaba la mayor parte del tiempo en el piano.
A su tradicional banda soporte The Prostitution, que le provee de bajo, guitarras, batería, ahora el show cuenta además con corista, teclados, bandoneón, percusiones de apoyo, xilófono y tres instrumentos de cuerda en un concierto cuya carta de presentación es sinfónica, pero que esencialmente es rock and roll con nuevos “juguetes”.
Este repaso por su carrera solista y por bandas como Sui Generis y Serú Girán comenzó al ritmo de “Funky”, aunque precedida por imágenes, extractos sonoros, portadas y carátulas en los que el músico enrostra de buena manera sobre quien está ahí, en el escenario.
Su vestimenta “de guerra” vuelve a ser la de antaño, un sobretodo con un brazalete que se mofa del nazismo y que en lugar de la esvástica tiene el símbolo del “Say no More”, uno de los tantos conceptos que impuso en el arte.
Pero lejos de generar odiosidad, este emperador musical del bigote bicolor sólo gatilla simpatía y propugna el “paz y amor”. Incluso el público hasta le perdona –sin ninguna pifia de por medio- un “Hola Mendoza” que lanza, mientras canta el primer tema de la veintena de la jornada.
En ese momento a nadie le queda claro si es un nuevo atrevimiento de los muchos que tiene en su largo prontuario o bien se trata de un desliz, pero el público sigue disfrutando del show como si nada hubiese pasado. Más tarde, tras un break, el mismo Charly pediría perdón por pensar que estaba en Mendoza y no en Santiago, “adoro esta ciudad, de verdad”, diría lamentándose entre risas.
“Rezo por vos” es el momento perfecto para que se proyecten imágenes del fallecido Luis Alberto Spinetta y si bien falta ecualización para darle mayor preponderancia o la debida a los instrumentos de cuerda en un momento emotivo como ese, nadie se molesta. Lejos de eso, la gente se congratula con poder estar nuevamente con una leyenda que en un momento creímos perdida para siempre en el mundo de los excesos.
Su voz rasgada también le va tomando el tono a la noche y a punta de preguntas se cerciora que “está todo bien”.
No conforme con estar al piano también se da espacio para cantar de pie y mover sus delgadísimas piernas. Su sonrisa da cuenta de que en realidad está todo bien y él puede tomar el camino que quiera en la velada de recorrido musical, porque aquí y en muchas partes del continente simplemente juega de local.
“Piano Bar”, “Yendo de la Cama al Living”, “Me Siento Mucho Mejor”, “Canción de 2×3”, “Demoliendo Hoteles” y “Los Dinosaurios” es parte de lo que sonó en el Movistar Arena. Ésta última canción acompañada de una sucinta anécdota sobre los tramites para pasar de un país a otro –“cada vez es más complicado entrar y salir, ni que uno fuera un delincuente” diría- antes de dedicar el tema que habla sobre las dictaduras y “la gente horrible que tuvimos nosotros y ustedes” en décadas pasadas.
“Nos Siguen Pegando Abajo”, “Hablando a Tu Corazón”, “Popotitos” y “Canción Para Mi Muerte” marcan su despedida en la que la gente lo despide entre aplausos pero con el deseo de seguir disfrutando de los muchos clásicos a los que puede echar mano y que les “quedó debiendo” como dirían algunos, mientras emprendían el camino a casa.


1. Fanky
2. Rezo por Vos
3. Cerca de la Revolución
4. No Soy Un Extraño
5. No Importa
6. Pasajera en Trance
7. Asesíname
8. Influencia
9. Instituciones (Sui Generis)
10. Perro Andaluz (Serú Girán)
11. Piano Bar
12. Yendo de la Cama al Living
13. La Grasa de las Capitales / Me Siento Mucho Mejor (The Byrds cover)
14. Canción de 2×3
15. Necesito tu Amor
16. Demoliendo Hoteles
17. Los Dinosaurios
18. Tango en Segunda (Sui Generis)
19. El Amor Espera
20. Llorando en el Espejo (Serú Girán)
21. No Llores por Mí, Argentina (Serú Girán)
22. ‪Anhedonia‬
23. Nos Siguen Pegando Abajo
24. Hablando a Tu Corazón
25. Popotitos (Serú Girán)
26. Canción Para Mi Muerte (Sui Generis)

Por Gonzalo Rodríguez Torres.
Fuente: Recital

domingo, 13 de mayo de 2012

CHARLY GARCÍA EN COLOMBIA 2 DE JULIO, ROCK AL PARQUE***GRATIS***

Charly García habló con la emisora La W acerca de la presentación que va a tener el próximo 2 de julio en el Parque Metropolitano Simon Bolívar en el marco del Festival Rock al Parque.
 A Charly se le escuchó enérgico, positivo y con muchas ganas de tocar en nuestro país. "Ahora disfruto mucho tocando, en el concierto tendremos imágenes muy integradas a las canciones, también un gran juego de luces que todos vamos a disfrutar. Será el mismo show que hicimos cuando grabamos el último disco".
A la hora de hablar de las actividades que hace en su tiempo libre el artista comentó: "Si no tengo ensayos me pongo a hacer ejercicio, luego suelo mirar televisión, compre un tocadiscos en Nueva York y unos vinilos, así paso el tiempo". "Ahora estoy más sociable y con las pilas puestas, cuando fui la ultima vez a Colombia estaba mal humorado, pero ahora es distinto", afirmó el músico latinoamericano.
García en la entrevista aprovechó para recordar a dos grandes músicos de su país, "Gustavo Cerati no ha vuelto a la conciencia y el maestro Spinetta falleció, esto ha provocado un agujero en la música y será imposible reemplazarlos. El Flaco creó el rock en castellano". Finalmente Charly García reveló algunas de las canciones que estarán en su repertorio el próximo 2 de julio entre las que se destacan 'Piano bar', 'No soy un extraño', 'Nos siguen pegando abajo', 'No importa' y 'Rezo por vos'.

Escucha la entrevista completa:
                                                         

Fuente: Terra Colombia

martes, 8 de mayo de 2012

CHARLY GARCÍA EN CÓRDOBA 9 DE JUNIO 2012, ENTRADAS EN VENTA

Charly García vuelve a la ciudad de Córdoba en Junio y para calentar a la provincia mediterránea sera el invitado de lujo de León Gieco este domingo 13 de mayo en un evento gratuito organizado por la universidad nacional de Córdoba. Imperdible! 


Charly García: 9 de Junio - 21.00 hs. 

VALOR DE LAS ENTRADAS* 

Pista: $330, $275, $220, $165.
Sector Rojo: $275, $220, $165, $110.


Comprar entradas: Orfeo y Dinoticket

(*) Este valor de entrada incluye el 10% de Service Charge.

domingo, 6 de mayo de 2012

GIRA 60x60: CHARLY GARCÍA EN PERÚ, 30 DE JUNIO 2012



Después de tres años de ausencia, la leyenda del rock argentino, Charly García, se presentará en Lima el próximo 30 de junio en el Jockey Club del Perú con su tour ‘60x60’ ofreciendo un show con su banda que consta de 11 personas en escena, que incluye a varios reconocidos músicos internacionales y que se denominan "The Prostitution".
Las entradas para el show con Charly García saldrán a la venta en TU ENTRADA de Plaza Vea y Vivanda. Este lunes 07 y martes 08 de mayo habrá una VENTA EXCLUSIVA solo con tarjetas Interbank.

PRECIOS:
DEMOLIENDO HOTELES         S/. 59.50
REZO POR VOS                             S/. 119.50
CERCA DE LA REVOLUCION   S/.  224.00
DEMASIADO EGO                         S/.  343.00

Comprar entradas: Tu entrada

martes, 1 de mayo de 2012

Charly García conquistó a Miami


MIAMI BEACH - Al celebrar sus 40 años de carrera artística y después de varias décadas en las que se caracterizó por los excesos y las excentricidades, Charly García demostró que pasa por un muy buen momento, al ofrecer un concierto en el que interpretó un amplio repertorio de su historia musical, junto a su banda "The Prostitution".
Durante más de dos horas, el ídolo argentino, considerado el artista latinoamericano más importante del rock, despertó de principio a fin los halagos y las ovaciones de un público que no paró de cantar las canciones y gritarle frases, como "Sos grande", "Vamos, Charly" o "Maestro".
"Rezo por voz" fue la canción con la que abrió el concierto "60 x 60", su última producción musical en la que recopila "La vanguardia es así", "Detrás de las paredes" y "El ángel vigía", -recitales con los que celebró en 2011, sus seis décadas de vida-.
 Durante el concierto García rescató parte de su historia musical con "Cerca de la revolución", "Demoliendo hoteles", "No voy a parar" y "Los dinosaurios", que las fue alternando con canciones nuevas con un sonido muy potente y rockero.
Además, por primera vez (?), incluyó en su banda el bandoneón con lo cual logró fusionar rock y el tango. Vestido con una gabardina beige, camiseta negra, trusa roja y gafas oscuras, el creador de grupos como Sui Generis y Serú Girán, dejó ver que a sus 60 años se encuentra bien físicamente y artísticamente intacto.
 "Está perfecto, yo lo vi muy bien y demostró toda su genialidad", dijo Max Balbiani, uno de los 2,500 asistentes, argentinos en su mayoría, al Jackie Gleason Theater. "Aunque no puedo negar que extrañé un poco la espontaneidad y la chispa que siempre han caracterizado al Charly en el escenario, porque lo vimos mucho más calmado".
Efectivamente, en la presentación se pudo ver a un García más sereno y concentrado en seguir el libreto del show, lleno de arreglos magistrales que no daban muchos espacios para la improvisación, con excepción de algunas variaciones y solos que el 'maestro' realizó en el piano.
Sin embargo, para agrado y sorpresa del público, durante las dos horas de concierto el astro argentino no sólo demostró toda su virtud artística, sino que cantó claramente y conservando su voz durante la totalidad del repertorio.
"Estoy feliz de verlo así de bien. Fue un concierto genial, en el que pudimos escuchar las canciones con las cuales crecimos, y pudimos ver que Charly está mejor que nunca", dijo Letty Álvarez, una argentina residente de Miami.
Y toda esta genialidad musical, fue en parte gracias a su banda "The Prostitution", que siempre lo acompaña, y que está conformada por el "Negro" García López, en la guitarra, Fabián "Zorrito" Von Quintiero, en los teclados, Kiuge Hayashida, en la guitarra y coros, Fernando Samalea en el bandoneón, xilófono y percusión, Tonyo Silva, en la batería, Carlos González en el bajo, Rosario Ortega, en los coros y el trío de cuerdas, integrado por Alejandro Terán, Julián Gándara y Christine Brebes.
Con una espectacular interpretación de "Eiti leda", Charly se despidió de un público que se negaba a que el concierto concluyera y que durante casi cinco minutos coreó al unísono "otra más, otra más". "No sabía que Miami hacía tanto ruido", fueron las palabras de Charly García al salir de nuevo al escenario a interpretar "Canción para mi muerte", uno de las temas más representativos de su carrera.
 "Fue un recital mágico, nos sentimos muy complacidos de poder ver a un gigante como Charly García entregándonos un repertorio tan genial y dejándonos ver toda su grandeza", concluyó Raúl Puentes, uno de los asistentes.

Por: IVAN CRUZ
Fuente: EL NUEVO HERALD 

New York - Charly García, en el centro del universo

Unas tres mil personas asistieron al concierto que el bigote bicolor ofreció en la ciudad.
A sala llena en la meca de los músicos.

 NUEVA YORK.- Después de dos horas de música y dos rondas de bises, Charly García volvió a sentarse frente al piano y advirtió, sonriendo como toda la noche: "Después de esto no hay más, no queremos más. Esto fue perfecto". Arrancó entonces con los acordes de "Canción para mi muerte", que casi tres mil argentinos y no argentinos vociferaron suponiendo que esta vez Charly decía la verdad. Y tenían razón. La primera canción que compuso García en su vida, resignificada en los últimos años por sus problemas de salud y recuperada para su flamante caja de CD y DVD en vivo (ver aparte), fue también la última de su recital del miércoles en Nueva York, donde no tocaba como solista desde hacía más de diez años.
Un día antes Charly asistió al musical Evita.
En la foto junto a Ricky Martin y Elena Rogers, ambos fanáticos confesos del bicolor. 
 Charly replicó en Nueva York, y replicará hoy en Miami, sus recitales de noviembre pasado en el Gran Rex, con la misma súper banda y la misma vocación canónica en la lista de canciones. En Manhattan, donde tocó en un teatro que lleva el nombre de una cadena de electrónicos (Best Buy) y está ubicado en el medio del caos de Times Square, Charly ofreció un recital prolijo e imperial, donde estuvieron las canciones que tenían que estar (a pesar de que una chica uruguaya reclamó insistentemente, sin éxito, la aparición de "Chipi-Chipi") y donde el espíritu dominante, tanto arriba como abajo del escenario, era de celebración y agradecimiento.
 A Charly se lo vio bien, un poco lento de movimientos pero bastante fino a la hora de cantar y sorprendentemente respetuoso del guión que se había puesto. Los conciertos de esta serie, que continuará en los próximos meses por América latina y llegará en agosto al Luna Park, están planificados al detalle, con arreglos lujosos y exactos y poco margen para la improvisación. A García, que en otras épocas abordaba sus recitales más como una oportunidad para la sorpresa que como la repetición de algo ya existente, esta camisa de fuerza le sienta bien, porque lo libera de tener que inventar gambetas brillantes todo el tiempo.
 "Lo vi muy entero, muy bien", dijo después Sergio Mastrogiovanni, un argentino que vive en el estado vecino de Nueva Jersey y trabaja en un laboratorio. "Pero igual lo prefiero en parte como era antes, más ácido, más divertido." Un poco de razón tenía Mastrogiovanni: el Charly que llegó a Nueva York estaba tan contento de estar ahí y de rendir tributo a su propia carrera que se había quedado sin tiempo y sin energía para el sarcasmo o la ironía. En cualquier caso, la impresión es que los espectadores del recital del miércoles ganaron más de lo que perdieron con la exhibición de García y su profesionalismo, que además es una virtud muy estadounidense. Mucho de eso tuvo que ver con la banda, que Charly construyó en dos niveles: por abajo, la base chilena de guitarra, bajo y batería que lo acompaña desde hace una década; y por encima, los firuletes y las texturas de algunos de sus músicos históricos, como el "Negro" García López en guitarra, el "Zorrito" Von Quintiero en teclados y el versátil Fernando Samalea en bandoneón, vibrafón y percusión. Alrededor, el color de la viola de Alejandro Terán, el chelo de Julián Gándara, el violín de Christine Brebes y la voz a veces tímida pero siempre acogedora (y lista para el rescate) de Rosario Ortega.
 Charly habló poco. Saludo a Elena Roger, la actriz argentina que protagoniza el revival de Evita en Broadway, y le dedicó, precisamente, "No llores por mí, Argentina". A Charly parecía hacerle bastante gracia estar tocando en la capital mundial de las comedias musicales: "¡Gracias, Broadway!", dijo un par de veces, riéndose de su propio chiste. Nueva York es una ciudad clave en su carrera: acá grabó o mezcló todos sus discos de los años 80, considerados por buena parte de la crítica como el momento más alto de su carrera solista. Por eso dedicó "Nos siguen pegando abajo" a Joe Blaney, "mi primer amigo neoyorquino", productor de varios de aquellos discos y presente en la tribuna.
 Cuando sí dijo cosas, García aprovechó la multiculturalidad de la ocasión para hablar en inglés, casi siempre bien. Dudó un poco cuando quiso decir que la música no tiene idioma y no encontró la palabra "language". "Music has no... idiom", dijo, mostrando con una mueca que no era la palabra que estaba buscando.
 La noche había comenzado con la guitarra de García López y el riff saltarín e inconfundible de "Fanky", de 1989, cuyo video mostraba, justamente, un paseo veraniego y en blanco y negro por las calles de Manhattan. Después vino una versión de "Rezo por vos" calcada de la original, pero entristecida por la imagen en pantalla gigante de su coautor, el Flaco Spinetta.
 Samalea, que durante años tocó la batería en las bandas de Charly, ahora tocaba el bandoneón (dándole un toque arrabalero a "No soy un extraño") o el vibrafón, poniéndole un aire juguetón al solo, originalmente de piano, de "Yendo de la cama al living". Cinco minutos después, con los primeros acordes inconfundibles de "Cerca de la revolución", la sensación en el ambiente era que la carrera de Charly García (y el propio Charly) había vuelto a un lugar de donde quizá no debió irse nunca.
 Giovanni, un peruano de Lima que vive hace 15 años en Long Island, al este de Nueva York, estaba encantado: "El recital ha sido extraordinario", dijo. "Me gustó que haya tocado tantos temas viejos, bien conocidos". Cerca suyo, vestida con una camiseta de la selección argentina, Daniela Borda, de 17 años y trasplantada hace nueve años de Lomas de Zamora al Bronx, no podía dejar de sonreír. Describió el recital con una palabra un poco pasada de moda pero que se ajustaba bastante también al espíritu ochentoso de la noche: "¡Copadísimo!

Por Hernán Iglesias Illa
Fuente: LA NACION

domingo, 22 de abril de 2012

NOTA A CHARLY GARCÍA EN PAGINA/12, EXCELENTE

Domingo, 22 de abril de 2012

Alta fidelidad

En diciembre del año pasado, Charly presentó en el Gran Rex un show en tres partes en el que apostaba todo: repasar su carrera entera en 60 canciones y arreglarlas, juntando finalmente una banda de rock clásica, los aires de tango del bandoneón y un ensamble de cuerdas. No sólo estuvo a la altura sino que todo fue prolijamente grabado y ahora, después de un meticuloso y obsesivo trabajo de mezcla en el estudio, sale en una impecable caja con 3 CD y 3 DVD. No es un disco más para Charly: es una mirada profunda a su pasado y una reconciliación extraordinaria con eso que jamás lo abandonó: su música. Por eso es un honor para Radar que haya querido presentar 60 x 60 en estas páginas.


 Por Mariano Del Mazo y Juan Ignacio Boido

El otoño le queda bien a Charly. Está fresco, amable, con ganas de charlar. No es sólo buen humor, algo demasiado pasajero. Ya tiene lista la caja de 60 x 60: 3 CD y 3 DVD que reúne, disco por disco, el show en tres partes con el que a fines del año pasado en el Gran Rex terminó de redondear esa etapa de recuperación: shows en los que, además de recuperarse él, recuperó sus canciones. Está feliz con el resultado, como si ahora sí pudiera decir ya está, así son, acá están.
Es sábado a la tarde en su departamento del Palacio de los Patos y en la casa se respira vida cotidiana. Están su novia con unas amigas, y una asistente que coordinó la entrevista y ajusta detalles. Preparan café, alguien bajó a comprar facturas. Hay un equipo de música sobre la chimenea, parlantes hogareños a los costados, vinilos de Dylan, una biblioteca con libros y fotos (algunos de Woody Allen, biografías de músicos, fotos de Charly con amigos), un plasma en una mesita con ruedas y un sillón enfrente: el desorden natural de una casa que está siendo vivida. Charly es un anfitrión amabilísimo que delega en otros detalles como el azúcar o el agua, pero que no por eso se le escapan. Tiene una sonrisa que irradia calidez, como si toda la armonía a su alrededor proviniera de ella. Es canchera la manera en que disimula la ligera corriente de ansiedad por empezar la entrevista. Aunque su música no es su historia clínica, sabe que de alguna manera esta caja es el certificado de alta.
Su relación con su propia obra fue durante mucho tiempo tan complicada como la que tenía con él mismo: como si por momentos (a veces largos momentos) le hubieran pesado o fueran una sombra de la que era imposible escapar. Es verdad que esas mismas canciones fueron su refugio, un lugar donde recostarse, incluso cuando era el público y no él quien las cantaba, igual que otros se tiran de espaldas desde el escenario para ser atajados. Nadie, ni siquiera el tiempo, puso a prueba sus canciones como él mismo. Y ahora Charly, un artista proteico como nadie, capaz de buscar y adoptar, disco tras disco, el lenguaje y el sonido de una época para reflejarla, parece haber encontrado finalmente un sonido con el que está conforme y en el que sus canciones pueden viajar cómodas, clásicas, perfectas. Son casi 60, pero podrían ser todas.
Algo de todo esto ya había en aquel Vélez del regreso. Una noche de 2009 que tuvo mucho de exorcismo. “Basta. O más fuerte”, desafió Charly a un cielo cerrado que empezaba a llover. Bajo el diluvio que se desató, Charly, recién recuperado, cantó con un poncho en homenaje a Mercedes Sosa, que acababa de morir, y con Spinetta en un reencuentro histórico. Aquella noche pareció la última batalla antes de la paz de un alma en guerra con los dioses. Después de eso, Charly volvió a salir de gira, volvieron los halagos, algunos premios, la vuelta a países que hacía mucho no visitaba, estadios, los Luna Park, hasta un anfiteatro en Israel. La banda sonaba impecable. De a poco, la delicadeza de los arreglos pedía más atención. Sintonía fina. Algo de eso que se había escuchado en aquel Unplugged del ’95, pero enchufado: el bandoneón y las percusiones de Fernando Samalea, un pequeño ensamble de cuerdas clásicas, esta vez a cargo de Alejandro Terán. Rock, música clásica y tango. Las canciones tenían más para dar y lo darían en los Gran Rex. Y aunque no es devoto de los discos en vivo (“muchos aplausos, mucho ruido”, dirá más tarde), está satisfecho con éstos. Había que ver el gesto de ternura con que el miércoles pasado le dijo a una periodista que le preguntó por la caja: “Muchas gracias por lo de obra de arte; hacía rato que no llamaban a un disco mío así”. No es sólo una serie de recitales que salieron bien sino una mirada hacia atrás, quizá la más larga, la más serena y la más consciente que haya dado en su vida musical hasta ahora.
Cuando el grabador se prende, sin perder la gracia, se pone un poco más serio, se sienta más de frente y mientras le saca el filtro a un cigarrillo como si los dedos fueran pinzas, escucha la pregunta.

Cuando volvés a tus canciones, como lo hiciste en la retrospectiva de los shows del Gran Rex del año pasado, ¿qué te pasa? ¿Cambia la perspectiva de tu propia obra?
–De alguna manera, sí. Las canciones fueron elegidas un poco por feeling, por intuición y también un poco porque eran las que la banda sabía tocar o lo que a mí me resultaba más fácil enseñar. Fue algo bastante experimental, porque al contar con cuerdas, bandoneón y vibráfono, yo no tenía claro cómo iba a funcionar mi idea. Y funcionó bien: se pegaron los timbres del bandoneón con las cuerdas, con los sintetizadores, las guitarras eléctricas. Así se fue desarrollando: tenía esas sesenta canciones, hicimos una enorme cantidad de ensayos, trabajamos muchísimo, después me reencontré con el material en las mezclas y ahí lo disequé. Las canciones eran como ratas que yo abría para verles los órganos.


¿Y qué viste?
–Que más allá del sonido y los arreglos, eran canciones muy buenas. Lo que hice fue una búsqueda muy enfocada. Soy muy obsesivo en la instancia de la mezcla, porque es un momento en que puede cambiar todo. Ahí me dedico a manejar los planos de los instrumentos, llegado el caso pongo la batería más fuerte, o agrego eco a las cuerdas. Si un arreglo, algún aspecto de la guitarra o el bajo se va de mi concepción, lo borro. A mí, Clics modernos me parece el disco mejor grabado que hice y, de alguna manera, un disco en vivo es el opuesto. No me gustan los discos en vivo: tienen muchos aplausos y los instrumentos no se distinguen muy bien, por eso a este disco lo trabajé muy bien desde la mezcla y desde los arreglos, como si fuera un disco de estudio. Vas a ver que no se escucha mucho la gente.


¿Regrabaste algo en el estudio y lo metiste?
–No, no metí nada. Dejé todo así. Una vez que tuvimos la primera canción mezclada, el resto fue fácil. Era todo el mismo sonido.


Hablando de sonido, tus discos suelen tener un sonido de época. ¿Hay arreglos que hiciste ahora que ya tenías en mente hace muchos años y que por un motivo u otro no hiciste entonces?
–Sí, surgieron arreglos que me hicieron recordar cosas que yo quería poner, pero que no pude en su momento porque no tenía los instrumentos adecuados. Básicamente no tenía una orquesta, como la que ahora tengo con Alejandro Terán. La orquesta me dio la posibilidad de meterme más en las armonías. Me gustó también el sonido del bandoneón y las cuerdas, le da una cosa tanguera muy evocativa. La combinación de eso con las guitarras saturadas se acerca a lo que yo imaginaba para muchas de mis canciones. Antes yo era más de meter muchas capas sonoras.


¿Cuándo es “antes”? ¿A qué etapa te referís?
–“Antes” es una palabra muy grande para mi carrera, ¿no? El momento de capas, la sublimación de las capas, fue Say No More.


Algunos ven la etapa de Say No More como confusa. En esta suerte de antología, ¿pudiste advertir los grados de inspiración en tu obra? Hay una coincidencia bastante generalizada en considerar tu etapa solista de los años ’80 como insuperable. ¿Estás de acuerdo o pensás que tu obra posterior a esa década no fue valorada justamente?
–Las dos cosas. Por eso la motivación actual que tengo para hacer un nuevo disco no viene de las canciones, viene por otro lado: sé que no puedo hacer un disco de canciones y que no sean tan buenas como aquéllas. Es complicado competir con vos mismo. Entonces me veo como Peter Gabriel, buscando otros sonidos. O como Annie Lennox, que sacó un disco buenísimo todo de voces. Say No More, el disco, me parece desgarrador: se destruye al tiempo que se va creando. Lo veo como una sola canción, una canción muy buena. Por eso a esta altura no me veo haciendo un disco con un piano. Aunque debo decir que siempre fue así, la mayoría de las canciones no las hice al piano, ni siquiera con sintetizador: las hice pensando, escribiendo las notas al mismo tiempo que la letra. Sin instrumento y de un tirón, la música y la letra escritas. Ahora tengo un plan, una idea de un futuro disco, que tiene que ver con la matemática y con la infancia. En la matemática y la infancia está todo.


¿Por qué?
–Por un lado me parece que la creación siempre ocurre durante la infancia y la adolescencia, y después lo que uno hace el resto de su vida es recrear ese momento. Yo quiero volver a la infancia, metafóricamente hablando. A esos años impresionantes en cuanto a lo creativo. Y a lo matemático que tiene la música... A veces pienso en mi viejo, que era físico, químico y matemático. Esta etapa también sería volver a él. Yo me pregunto por qué la música no se enseña en la escuela como se enseña la matemática. Yo pienso la música como una fórmula matemática. Para que se entienda: para que haya un acorde tiene que haber tres notas, la primera es fundamental y la tercera es la que define su carácter, si es mayor o menor, si es alegre o triste. Siempre tuve muy en cuenta eliminar la tercera, porque al eliminarla le das al sonido una ambigüedad que hace que el acorde lo termine de construir el que escucha. Un poco como “Yendo de la cama al living”, que tiene una ambigüedad muy interesante. Ahí cada instrumento hace una cosa diferente. Es lo que pienso hacer en un futuro disco. Pero por ahora es apenas una idea, como la que tenía de hacer música debajo del agua.
El poster desplegable que viene junto con la caja 60 x 60 es –junto a otros detalles como que los CD y los DVD juegan con la gráfica de los viejos discos simples– un homenaje a la década de la que Charly se nutrió. Hay cientos de fotos, dibujos, apuntes, tickets y afiches de viejos shows, memorabilia de lo más variada agrupada como en un collage (“igual que en el Album blanco”, dirá García), como si se hubiera ordenado un allanamiento al cajón del placard de un fan del estilo El Porsuigieco, el magistral monstruo rockero creado por Saborido y Capusotto. Hay, también algunas frases. “¿Por qué no vamos por la escalera, que está completamente inventada?” J.L. Borges, se lee por ahí, con la grafía urgente de Charly. La ingeniosa sugerencia del escritor ante la disyuntiva “ascensor o escalera” plantea si se quiere un postulado conservador. ¿Charly se refleja en esa frase? Más que conservador, clásico: García ha tomado el ascensor demasiadas veces, con diversas y temerarias provocaciones. Incluso ha experimentado con el balcón y la ventana. Quizás éste sea el momento de subir su propia escalera, completamente inventada por él. Otra frase del poster: “El futuro está en el pasado”. Esa frase es de Dylan, y va a hablar varias veces de él.
“Algunos no la pescan. El primer 60 es por los sixties. El segundo por mi edad. Hay como 60 temas, etcétera. Es, como siempre, una ocurrencia mía”, explica, también, de puño y letra, en la caja. Y abajo escribe su marca registrada, pero con signo de interrogación: Say No More? Aunque el presente sea esta reinvención del pasado, el futuro no parece estar en el pasado. Al menos eso debe pensar el equipo que lo asiste y trata, y su novia Mecha Iñigo. Ahí está, entonces, en el living de un departamento del Palacio de los Patos de la calle Ugarteche: Mecha, peluquero y rock and roll. Tiene una sonrisa esculpida en la cara; una sonrisa cannábica sin cannabis. Esa sonrisa viene de otro siglo y en su campo magnético todos caemos encantados. Da la sensación de que uno podría quedarse a vivir en esta casa discretamente burguesa, de chimenea blanca y laptop; da la sensación de que si uno se queda efectivamente a vivir, va a ser permanentemente agasajado con café, facturas y buen tabaco. Y buena charla. Aquel Charly esquelético, de perfiles faciales filosos, agudos, que se movía como un desacatado arlequín punk, es hoy un charlista reflexivo, memorioso, algo melancólico y por momentos pasional. En off o, mejor dicho, en esas situaciones en las que queda claro que se está fuera de la entrevista periodística, se refiere con calidez a Andrés Calamaro, se ríe de Violencia Rivas (“un whiskicito”), elogia a Skay Beilinson (“si lo ves, mandale saludos; es buena gente y un gran músico”) y habla de rutinas físicas: “Hago un poco de cinta... Me aburre olímpicamente. Más me gusta salir a caminar, pero se complica con la gente. Aunque la otra vez salimos con Mecha por los bosques de Palermo y la pasamos bárbaro”.
Frente al grabador no pierde esa luminosidad. Se vuelve, sí, más riguroso con la elección de las palabras. Examina su pasado sin condescendencia y con un tono autopiadoso, otra evidencia de su inteligencia. “Durante mucho tiempo renegué de Sui Generis. Es que la música de Sui se asociaba mucho con el fogón... ¡y yo jamás fui a un fogón! Me acuerdo de las críticas de los músicos pesados, Pappo, Billy Bond... aunque yo tocaba con Billy y él me producía. Pero bueno, Sui Generis vendía más discos que nadie y eso provocaba un poco de envidia.”


¿Y por qué renegabas?
–Porque en ese entonces yo tenía un sintetizador, un piano Fender y un mini Moog y me creía moderno, o algo así. Muchas cosas no resistieron el paso del tiempo. Pero con los años, y sobre todo con esta recopilación, empecé a cantar las canciones desnudas y son muy buenas. Por ahí en su época no fueron muy entendidas. Para mí, Instituciones es un discazo. Es un poco lúgubre, un poco retorcido. Fue como una transición perfecta hacia La Máquina de Hacer Pájaros. Fui a ver a Roger Waters, y me pareció un show impresionante. Salvando las distancias, algunas cosas de The Wall las relaciono con Sui Generis.


Cuesta relacionar The Wall con Sui Generis...
–“Rasguña las piedras” habla de lo que habla The Wall. Mucha gente piensa que tiene que ver con una persona que enterraron y que no había muerto, y nada que ver. Habla de la pared, del aislamiento. Y más: lo que yo quería hacer originalmente con Instituciones era un disco blanco igual que The Wall, y desarrollar el Manifiesto Comunista en tiempo de rock. ¡Empezaba con “Proletarios del mundo, uníos”! Obviamente fue imposible de hacer. Incluso Jorge Alvarez, que era el productor discográfico, un tipo muy inteligente, me dijo: “Anteponele Pequeñas anécdotas al título para aliviar un poco y sacale ‘Botas locas’ y ‘Juan Represión’”. Hubo como una fricción. Yo metí “Tango en segunda” y no me acuerdo qué otra. En “Tango en segunda” le hablo a Jorge Alvarez: “A mí no me gusta tu cara y no me gusta tu olor”.


El disco es de 1974... ¿vos te dabas cuenta de lo que estaba pasando en el país?
durante una secuencia muda y graciosa mientras por los parlantes sonaba la voz de Graciela Borges.
–Sí. Aunque debo decir que nunca vino un militar a mi casa a decirme que no tocara tal tema... Me metían en cana como a todo el mundo. Pero a su vez yo me preguntaba después: ¿por qué nunca prohibieron mis discos? Yo era consciente de lo que escribía: “Tengo los muertos todos aquí, ¿quién quiere que se los muestre?”. Mucha gente dice ahora que no se daba cuenta de lo que ocurría...


¿Y cuando apoyaste a Menem te dabas cuenta?
–Yo nunca lo apoyé, yo nunca lo voté... ¡Simplemente quería saber si era un ser humano!


¿Y?
–Y era. Le canté “Los dinosaurios” y se largó a llorar. ¿Sabés lo que me dijo la primera vez que nos vimos? “La mediocridad para algunos es normal, la locura es poder ver más allá.” ¡Terrible! Pero, por favor, no lo nombremos más.
Se puede pensar que el lugar común de “Charly García, la gran antena de la República Argentina” tiene asidero. Al menos es posible conjeturar con liviandad de fibra resaltadora que el clima y tono de sus discos en general acompañaron los procesos políticos y sociales del país. La frescura y optimismo de los dos primeros discos de Sui Generis (1972/1973); las sombras y el cinismo de Instituciones (1974); el hipercandombe de los dos discos de La Máquina (1976/1977, “qué se puede hacer salvo ver películas”); la melancólica solidez y amalgama grupal de Seru Giran y su crítica de costumbres (de 1978 a 1982); el demoledor y festivo período solista que se extiende aun más allá del alfonsinismo; la confusión y las tinieblas de la ancha etapa Say No More en los años menemistas; la resurrección espectral de 2002 con Influencia, y así. García dice que para la caja se enfrentó ante esos matices de su obra y que concluyó que, finalmente, se trata de una larga y única canción: “Lo que cambia es la ropa, el vestuario”. “Las condiciones objetivas también quedan relativizadas –completa–. Antes el enemigo era claro, ahora el enemigo puede ser tu vecino. Está en la casa de al lado o en el celular. No es un tema menor: el enano fascista que tenemos adentro está vivito y coleando.”
El trazo grueso de las etapas no alcanza tampoco para destacar otras aristas de Charly, menos enfocadas, como las de intérprete. Aunque ahora su voz es carraspera y caverna, el eco áspero de lo que fue, la voz de Charly conforma una de las grandes matrices tímbricas del rock argentino. La otra es la de Luis Alberto Spinetta. Charly no admite la propia, pero subraya la manera de cantar de Spinetta –mejor dicho, su fonética– como fundacional. El tema lleva directamente a cómo pensar “la vida sin Luis”. Es el único momento en las dos horas de entrevista que el rostro de García se nubla: “La muerte de Luis me devastó. Fue una sensación igual a cuando me enteré de que murió Lennon. Yo era muy amigo del Flaco. A veces nos distanciábamos por temas musicales, porque cada uno estaba haciendo su propio camino. Nos admirábamos mutuamente. Hicimos algunas canciones juntos, temas como ‘Total interferencia’, ‘Rezo por vos’ para aquel famoso disco trunco... Había una química que nos sobrepasaba a los dos, demasiada energía. Tanta... que nos asustamos”.


¿Cómo se conocieron?
–Yo era fan de él. Me acuerdo de un encuentro en Pippo, de madrugada. Yo recién había terminado de grabar Vida. Se acercó y me dijo: “Vos tenés mucho talento, cuidate de los vampiros”. Un grande. Miren: si bien Los Gatos, Moris y otros ya habían inventado el rock en castellano, para mí el gran hallazgo de Luis fue descubrir una forma de sonar en castellano, pero con sonido inglés. El problema de cantar rock en castellano es que a veces la fonética no es buena. El rock fue inventado por ingleses y americanos, y sus palabras son más cerradas. El castellano tiene palabras más abiertas, y Luis descubrió cómo hacerlo. Sus letras pegaban totalmente lo lírico con la música que hacía. Me parece que esto fue su mayor aporte.


¿Y vos reconocés aspectos spinetteanos en tu obra?
–Todos los que alguna vez escuchamos a Luis tenemos su aguijón clavado. Porque además del placer de escucharlo, su música siempre ofrece una lectura más. Es música muy compleja. Almendra para su época era supercomplejo. Hay gente que encuentra spinetteana a “Filosofía barata y zapatos de goma”, por ejemplo. Para mí fue un orgullo cuando la hizo en el concierto de las Bandas Eternas. Me mató. Me emocionó muchísimo.


¿Proyectaste en la de él tu propia muerte?
–Es algo casi natural, ¿no? Primero me atravesó una sensación de orfandad. Ahora, por otra parte, sentí otra cosa. Me proyecté, pero no me identifiqué con su muerte. Si hubiera muerto, qué sé yo, inyectándose heroína o reventándose por ahí, quizá me hubiera sentido más cerca de él... Pero no. Me pareció muy injusto que le tocara a Luis. Porque era supersano, un tipo muy humano, muy amable, muy inteligente, muy familiero. Es un gran misterio... por qué no me tocó a mí, por qué le tocó a él.
Con Fito Páez en una versión magistral de “Desarma y sangra”.

Aunque la versión de “No soy un extraño” del Unplugged del ’95 no desentonaría para nada en 60 x 60, Charly dice que nunca le gustó demasiado el disco para MTV: “El disco está bien, pero mi ego dice que es una fórmula que hizo todo el mundo”. Recuerda cuando teloneó a Bob Dylan en Vélez, con Gustavo Santaolalla y León Gieco. “Dylan no permitía a nadie que tomara alcohol, pero él se paseaba por los pasillos con una taza de té. Soplaba la taza, hacía como que el té estaba muy caliente... y era tequila.” Volverá sobre Dylan. Su memoria es notable y ordenada: sólo que en vez de fechas o años, está organizada por discos, por sonidos. Ahora está hablando de La Máquina de Hacer Pájaros, tal vez su banda menos reconocida. En la caja 60 x 60 no hay ningún tema de La Máquina. El motivo, dice, es que la mayoría son temas muy complicados de tocar. “No dividíamos en negras o corcheas, dividíamos en semicorcheas y era tiriririti tiririri tiriri. Los podría tocar, pero no es lo más fácil que puedo hacer en este momento. Sí podría haber hecho ‘No te dejes desanimar’ o ‘Cómo mata el viento norte’, que son más sencillas. Pero no se dio.”
“Cómo mata el viento norte” tiene una pequeña y cándida historia detrás. “Fue el primer tema que compuse después de Sui Generis. Al final de la última función del Luna Park, el 5 de septiembre de 1975, me fui caminando por Corrientes con mi novia y una amiga. Eso era lo lindo que tenían esos tiempos. ¡Andaba caminando! Después me vengué y me tomé doscientas limusinas juntas, pero en ese tiempo era así, y era lindo. Esa noche terminé en mi departamento de Cucha Cucha y Yerbal, solo. Cuando se hicieron las ocho de la mañana bajé y me compré dos grabadores National. Jugando, haciendo grabaciones de un grabador sobre otro, compuse ‘Como mata el viento norte’.”
Es cierto que además de poco reconocida, La Máquina de Hacer Pájaros fue poco escuchada. El entonces pequeño, casi familiar Planeta Rock estaba como enojado por la separación de Sui Generis, y el enojo funcionó como negación. Charly dinamitaba los puentes por los que pasaba y doblaba apuestas. Fue acústico cuando hubo que ser acústico; fue progresivo cuando hubo que ser progresivo; y fue moderno cuando hubo que ser moderno. Pero siempre antepuso al sonido el concepto de canción y la ética artística. La idea es de María Moreno: a Charly García lo salvó, siempre, la ética.
Hoy, él mismo parece haber reflexionado y llegado a algunas conclusiones sobre sí mismo y sobre esos puentes que fue dinamitando. En los extras de los DVD –donde Charly es breve, pero esencial para responder a las preguntas de Badía sobre los repertorios de cada disco– dice eso de que “las bandas en las que estuve eran maneras de vestir la misma esencia”. Pero también ofrece de manera conmovedora una perspectiva que une su debut solista del ’82 con las últimas turbulencias de la era Say No More: “Cuando estaba con las bandas, todos metíamos notas por todos lados; pero cuando empecé como solista, mi cabeza creaba toda la música y dejaba pocos espacios para que alguien ayudara”. 60 x 60 no fue sólo diseccionar las canciones como ratas en el laboratorio sino, también, abrirlas para que otros entraran.


Tu obra es una fuga permanente hacia adelante... Recién ahora te pusiste a mirar hacia atrás.
–Sí, es como que me di cuenta de lo que hice. Y al tener una orquesta a mi disposición pude encontrarme con ritmos y sentimientos que había imaginado en el momento original, y que recién ahora pude concretar. Todo tiene que ver con la inspiración y con el medio en el que estás. Yo ahora estoy limpio y tengo otros estímulos. Tengo que aprender a manejar esos estímulos y convertirlos en canciones. Yo creo que lo que me pasó fue que alguna parte de mí se sentía incomprendida y que tenía ideas que no podía realizar. La droga lo que hizo fue exacerbar eso, se mezcló todo y creó una especie de “omnipotencia, autodestrucción & Say No More”. Algo así como no digas nada, callate y escuchá. Creo que tuvo que ver con la frustración de no poder realizar lo que yo quería, y derivó en una especie de Pete Townshend rompiendo todas las guitarras.


¿Y qué era lo que vos querías realizar?
–Por ejemplo, que todos escuchen un concierto con auriculares. Lo hice, pero fue mal entendido. Más allá de lo que yo quería hacer, ahora pienso que es el poder, finalmente. Ser estrella de rock tiene que ver con el poder. Roger Waters lo explicó perfectamente, porque él vivió tirando sus propias paredes, o las paredes que la sociedad impone. El definió perfectamente a la estrella de rock fascista.
Hace varios años, en unas presentaciones en Obras, Charly llevó al límite el flirteo con ese fascismo idólatra del rock: en medio del recital, ante un estadio lleno, García se paró en el borde del escenario y alzó su brazo derecho. La respuesta fue inmediata: cientos de brazos que habían comprado el brazalete de Say No More en la puerta, le devolvieron el saludo nazi. García no dudó. Sin bajar el brazo, dijo: “Ahora se arrodillan”. La gente quedó helada. Fueron los dos segundos más largos de Obras. Entonces, García sonrió con aprobación y dijo: “Menos mal”. Y siguió tocando.
Charly deja quietas las manos con que desarma otro filtro para escuchar su propia anécdota, y cuando termina se ríe como si fuera una picardía, un poco de él, un poco de otro. Pareciera que Charly volvió a ser pudoroso. Fuma y fuma y los cigarrillos se pierden en esos dedos-garras que Dios le dio. Una foto de Max Vernazza adorna el living: son esos mismos dedos, esa mano, en tiempos de azufre. La foto impresiona, y funciona como el espejo retrospectivo de lo que García fue ayer nomás. Ahora se trata de dar con la fórmula Charly como si se tratara de la receta de un suplemento de cocina, y él no duda: “Mucho beatle, actitud stone, tango”. “¿Leyeron la autobiografía de Keith Richards? Con Keith Richards me identifico completamente. El libro es hermoso, tiene mucha ternura. Creo que los tipos que son valientes y que van para adelante, arrastrando también el pasado pesado, son con los cuales me identifico. Hagan la música que hagan. No me identifico con los que hicieron poco y lo siguen repitiendo. Hubo una época en que yo pensé que el rock estaba envejeciendo mal, la época de grupos como Scorpions... Ahora creo lo contrario. Fui a ver a Paul McCartney, a Gabriel, a Waters... Ni hablar de Dylan.”


Pareciera que el rock nació y creció joven, hasta que un día Dylan cumplió 70 años, ¿no? De repente empezó a hablar de la vejez, de la cercanía de la muerte, de temas que parecían ajenos al rock...
–Dylan fue un adelantado tan grande que quizás él no tenga una percepción muy realista y muy firme de lo que hizo. Para mí Dylan, por ejemplo, inventó el rap. El hizo con el blues algo que yo de algún modo traté hacer con el tango.


En los extras de los DVD le decís a Badía que al fin y al cabo siempre hiciste “tango-rock”.
Charly en escena, y fuera de cuadro The Prostitution: Christine Brebes (violín), Julián Gándara (cello), Carlos García López y Kiuge Hayashida (guitarras), Carlos González (bajo), Rosario Ortega (voces), Fernando Samalea (bandaneón, vibráfono, gong y unos alucinantes maniquíes percusivos), Toño Silva (batería), Alejandro Terán (viola), Fabián Von Quintiero (teclados). Además, esas noches subieron Juanse, Aznar, Nito Mestre, Fito y Os Paralamas. Y las voces de Badía y Graciela Borges sonaron en off por los parlantes.

–Es que es nuestro blues. El tango siempre me gustó como idea. Las letras de tango son impresionantes, y la música también. Quizá lo que no me gustaba era el sonido que tenía, y tampoco la reacción de los tangueros hacia nuestra música. Ellos nos veían como un enemigo. Y nos veían como enemigos porque disputábamos el mismo mercado y la misma ciudad. Javier Martínez, Luis, yo y muchos más le cantamos a Buenos Aires, a la gran ciudad, la pálida ciudad, como a su modo lo habían hecho antes los tangueros. Creo que el rock de Buenos Aires es realmente importante. No diría que el rock latino es importante, pero el rock de Buenos Aires sí.


Una vez dijiste que en el verso de Homero Expósito “era más blanda que el agua, que el agua blanda” ya estaba Spinetta. Y de alguna manera tu canción “No soy un extraño” es como “Volver”...
–Puede ser, puede ser... pero “Volver” es más pesimista y mucho más fatal.


También hay mucho bar, mucho cafetín en tus canciones...
–Sí, ¡pero en mis bares se fuma porro!
La risa de Charly se esparce por el living. Se escucha una frase que no llega a ser imperativa: “Un whiskicito”. Está con los últimos detalles de la gira que va a hacer por Nueva York (“mi segunda ciudad”), Miami (“me reconcilié con Miami”) y varias ciudades de América latina. Viaja con toda su banda, The Prostitution, orquesta de Terán incluida. Vuelve a la música, le gusta hablar de música más que nada. El tono puede parecer soberbio, pero no lo es. Maneja una sobriedad borgeana, una pedagogía nada enfática: “No sólo el rock and roll es rock and roll. Yo te digo que tocar una ‘Polonesa’ de Chopin es un vértigo total. Yo viví en un mundo que era de mucha fantasía, pero estaba escrito en un pentagrama. Con el tiempo me fui dando cuenta de muchas cosas. Tengo oído absoluto, lo cual puede ser una tortura: una noche me di cuenta de que todas las bocinas suenan en un Si bemol. ¿Quién afina las bocinas? La música produce algo que va más allá de los gustos. Si te invade una secuencia de no sé cuantos ciclos de bajo, te hace vomitar. ¿Sabían? Ahora hay escudos que proyectan sonidos dirigidos y te voltean. La música tiene un misterio que se fue diluyendo cuando se convirtió en una prostituta, cuando la gente vio una forma de hacer dinero con eso. Y la música no está hecha para eso. Por eso mi apuesta actual, lo que viene, es seguir investigando. Cosas simples, como la tónica, la octava, la quinta, qué te producen. El Si bemol te produce irritación, por eso las bocinas te ponen nervioso. Si algún valor tiene 60 x 60, la caja y todo eso, es que hay una apuesta muy grande a la música. No al fashion, no a la fórmula, no a los sonidos modernos, sino a la música. A eso que se llamaba la música”.
Habla de Paul McCartney con antigua devoción, una devoción sedimentada a lo largo de medio siglo. Se roza el tema de ese gran disco que fue Chaos and Creation in the Backyard y se especula que la solidez del álbum fue porque al fin Paul supo contemplar la mirada de otro (como en los tiempos de John y George Martin) y recostarse en la pericia del productor estrella Nigel Godrich. “No es fácil”, se dice... ¿Quién tiene autoridad para decirle a McCartney que tire una canción a la basura? ¿Quién a Charly García? “No, no es fácil. Pero...” La frase queda suspendida...


¿Te bancarías estar bajo las órdenes de un productor artístico?
–No sé si me lo bancaría, pero me gustan las opiniones. No estaría nada mal.


Alguien que con autoridad te dijera: “Esta canción no va”.
–Eso no me pasa desde la época de Sui Generis, con Jorge Alvarez. No sé, sólo es posible si uno tiene confianza ciega. Yo a Joe Blaney le volvería a dar un disco. A mí me produjo Oldham, que es un productor no de sonido sino de concepto. No sé, tendría que ver...
Charla Charly. Habla de su (vieja) pasión por la música del Brasil y de su intención de recuperarla (“me arruinó la muerte del tocadiscos”), de la partida de Hilda Lizarazu de su banda (“la entiendo”), de Graciela Borges, de Fabiana Cantilo, de ciudades amadas y de su propia obra. “El disco mejor grabado es Clics modernos; mi mejor canción podría decir ‘Desarma y sangra’; pero si tomo todo Say No More como una sola canción, elegiría esa. Me escudo en Say No More: es la canción de un alma torturada.”
Vuelve a lo que vendrá: “Quiero encontrarme con mi niñez, pero desde otro lugar. Quiero salir de mi yo, de mi actual yo”.


¿Cuesta?
–Cuesta. Pero voy bien. ¿La verdad? Estoy bien, el tratamiento terminó, progreso día a día.

“El futuro es una hoja en blanco, y no me asusta”, dijo el miércoles pasado en la presentación pública de 60 x 60. Acá, una tarde de otoño, en el living de su casa, se permite ser igual de honesto, pero más íntimo:
–Lo único que me aterra es convertirme en alguien normal